martes, 19 de enero de 2010

El món és una presó de vidre?

Fa molt de temps que la intimitat s’ha perdut, per exemple, abans era impensable que la teva imatge es pogués difondre sense que un ho sabés, ara trobes qualsevol fotografia teva per internet sense que tu t’hagis encarregat de carregar-la.

Ara per ara es vol fingir que vivim en una societat lliure, no obstant, estem més controlats que mai. Les nostres converses telefòniques, les pàgines web que visitem poden quedar registrades en funció de les paraules o codis que utilitzem en la parla.

Amb això què vull dir? Doncs que ara per ara és impossible mantenir un secret o tenir un control complet sobre la teva vida. Tothom viu en una espècie de Big Brother o un Show de Truman de la seva pròpia vida perquè ara són les càmeres de video o les de fotos són les que tenen un domini total. No obstant, la gent no n’és conscient.

Les càmeres de videovigilància es multipliquen cada dia al nostre entorn; al treball, al metro, a l’aeroport, al carrer. És necessari? Suposadament aquestes càmeres proporcionen seguretat als habitants del carrer, tot i que ningú repari en elles i per tant “la inseguretat” del carrer sigui la mateixa.

Al Regne Unit, cada ciutadà és captat 300 vegades per un dels quatre milions d’ulls digitals que hi ha en el país. Per aquest motiu, és molt clar que les càmeres de vigilància quarten de la vida personal de l’individu.

La violència no deixarà d’existir, moltes vegades es confon la seguretat amb la invasió de la intimitat. No per conèixer l’activitat en tot moment d’alguna persona estaràs més segur. Sovint volem augmentar el control sobre la societat perquè pensem que així es pot superar el tema del terrorismes o abusos.

Amb tot això potser estem contradient el que va dir l’escriptor i periodista britànic, George Orwell, de “veure el que està davant dels nostres ulls requereix un esforç constant”. Ara per ara, ja no cal que sigui així; tot pot quedar-se enregistrat i ser reproduït tantes vegades com faci falta, sense que es necessiti un sobreesforç.

Sobre el por qué no les enseñamos a cazar

Las cámaras de seguridad se han convertido en un elemento más del decorado urbano de muchas ciudades. Lo que antes sólo estaba presente en áreas determinadas como bancos o aeropuertos ahora lo encontramos en esquinas, calles, supermercados, portales e incluso en ascensores. Hasta 21.000 cámaras nos vigilan en España.

Es evidente que las cámaras de seguridad son beneficiosas en muchos aspectos; la policía puede detectar las zonas más problemáticas, actuar y por consiguiente arrestar y juzgar a aquéllos que tienen un comportamiento irregular. Sin duda las cintas que recogen un acto vandálico o ilegal son una prueba irrefutable frente a un Juez, por lo que pueden facilitar mucho el hecho de hacer cumplir la ley a aquellos que no la respetan. Otro aspecto importante es el poder disuasorio que tienen los objetivos de estas cámaras; muchos delincuentes dejan de cometer delitos gracias a la presencia de las cámaras.

Sin embargo, las cámaras de circuito cerrado están lejos de ser la solución perfecta. El principal problema que se deriva es el derecho a la privacidad; ¿Debemos someter nuestra privacidad en favor de la seguridad colectiva?, es el debate que surge inevitablemente en las ciudades tras la implantación de estos sistemas de seguridad. Muchas personas sienten que el ser humano debería poder desplazarse por donde quiera y cuando quiera sin estar siendo vigilado, fotografiado o filmado. Los más radicales afirman que este sistema se asemeja a una prisión de cristal ya que las cámaras privan de la libertad que merecen los ciudadanos. Para otros, el problema radica en la información que pueden tener los Gobiernos; demasiada y muy valiosa, que podría utilizarse erróneamente para fines comerciales o incluso electorales.

Además, otro de los argumentos de los detractores de estas cámaras es que todavía no se ha demostrado que sean realmente efectivas sobre su principal objetivo; el de garantizar la seguridad. Según un reciente estudio de la Universidad Queen’s de Canadá, la delincuencia no se reduce, sino que se desplaza; e incluso a veces no llega ni a desplazarse puesto que, al llevarse a cabo de noche, las cámaras resultas inútiles al ser imposible reconocer a los autores de los hechos con tan mala calidad de imagen.

Recientemente se ha vuelto a abrir el debate con la propuesta de muchos países de instalar escáneres corporales en los aeropuertos; máquinas que desnudan literalmente al pasajero para comprobar que no llevan adosado al cuerpo ningún tipo de material peligroso, algo que pone de relieve que la histeria colectiva respecto a la seguridad está llegando a unos límites insospechados.

Por supuesto es importante la seguridad colectiva y es evidente que hay que luchar por ella con todos los medios posibles; en determinadas ocasiones el uso de cámaras de seguridad resulta indudablemente útil. Pero, ¿debemos incluirlas en cada rincón de nuestras ciudades, en cada ascensor de nuestras empresas?

La violencia y la delincuencia siempre existirán, son condiciones innatas de nuestra condición animal. No hay más que fijarse en cómo un pequeño gato puede acechar a un pequeño pájaro durante horas para acabar cazándolo finalmente y que un gran perro más fuerte que él logre robárselo. En este sentido, sí, posiblemente las cámaras ayuden a capturar a los delincuentes; podríamos hacer justicia y devolver al pequeño gato su pájaro y castigar al perro ladrón. Pero el perro seguirá robando presas… quizás haya que enseñarle a cazar por sí mismo.

Los millones de euros que se invierten en estos sistemas podrían destinarse al origen del problema; la delincuencia es la salida a la inestabilidad; para muchas personas con problemas de familias desestructuradas, sin medios, ni educación, ni posibilidades de encontrar un trabajo digno para lograr cierta estabilidad.

Logremos reducir la delincuencia, no aumentar las detenciones. Y respetemos la libertad, ya que estamos.



Carlos R. MOREIRA

domingo, 10 de enero de 2010

Díme en que red social estás y te diré quién eres

Siguiendo la línea del post anterior en el que hablaba del derecho a la libertad y frente a las cámaras de seguridad que nos rodean por todas partes, me gustaría plantear otro debate;

¿Son las redes sociales en Internet una amenaza para nuestra privacidad?

Y sí, digo bien amenaza, aunque evidentemente hay una clara la diferencia entre las cámaras de seguridad y las redes sociales; uno lo consentimos voluntariamente y lo otro, no tenemos más remedio que hacerlo. De todos modos, insisto en el concepto de amenaza. Es cierto que nosotros proporcionamos determinada información a empresas como Facebook o Tuenti, de forma consciente y aceptando las diferentes condiciones. Pero, realmente, no somos del todo conscientes de lo que eso supone. Facebook es una red mundial con casi 400 millones de usuarios. Cientos de millones de usuarios que comparten sus informaciones más personales, ideas, fotografías o vídeos. Si bien es cierto que podemos determinar quién tiene acceso a todo este material y quien no, parece que olvidemos que no dejamos de ofrecer todo eso a una empresa multinacional, que puede jurar no hacer nada que nosotros no queramos con nuestros datos… pero nunca se sabe.

Y ya no sólo podemos tener problemas al encontrarnos fotografías o vídeos nuestros circulando por la red fuera del dominio de Facebook –como se ha dado en varios casos- sino que el hecho de contar con un espacio personal e individual en internet nos puede causar multitud de problemas en la vida real/física. No es extraño ya que se produzcan despidos en empresas por haberse conocido determinado detalle sobre la vida privada de sus empleados, etc... Por ello es necesario considerar los pros y los contras de nuestra presencia en las redes sociales porque en ocasiones nos puede salir muy cara.

miércoles, 6 de enero de 2010

El eslabón perdido


A medida que la Sociedad de la Información avanza, con ella lo hace la inseguridad en las transacciones comerciales y personales, que se vuelve un problema crucial y en constante crecimiento. Al hablar sobre la "Seguridad en Internet" me refiero al gran índice de inseguridad interna de la infraestructura informática de las empresas de información que gestionan nuestros contenidos, así como la falta de una cultura informática necesaria para contemplar estos problemas.

La información transferida por Internet sufre de un alto grado de vulnerabilidad y da pie a ataques externos e internos que se traducen en el caso de las empresas en pérdidas que ascienden hasta miles de dólares en términos de información alterada, robada o perdida.

Según una investigación realizada en 1700 empresas por la empresa, el 75 por ciento de estas han tenido algún problema de seguridad. De éstas el 40 por ciento ha enfrentado problemas de seguridad debido a la falta de apoyo de la alta dirección para invertir en medidas y herramientas de seguridad y sólo el 38 por ciento se debió a la falta de herramientas adecuadas. Entre esas empresas, están por supuesto las que gestionan nuestras cuentas de correo electrónico, nuestras galerías de fotografías personales o nuestras cuentas bancarias.

Más que un problema de tecnología, la seguridad en la transmisión de la información por la Red se debe a la falta de cultura de las organizaciones y de las personas que la integran.

El eslabón más débil de esta cadena en la seguridad la constituye el humano y no el tecnológico. A menudo no somos conscientes del peligro real de la red, de las amenazas y de lo complicado que es controlar lo que introducimos en la misma. Al no tener esa conciencia o cultura informática somos más vulnerables y podemos tener problemas con los datos que publicamos o con aquello que descargamos.


C.R. MOREIRA

viernes, 1 de enero de 2010

Comentario blog

http://seminaridactualitat.wordpress.com/

Este blog me ha parecido muy interesante por varias razones. En primer lugar, porque no se han limitado a comentar los asuntos que todo el mundo debía abordar por el programa de la asignatura. Siempre he pensado que un blog es una ventana abierta en la que se da cabida a muchísimas cosas. No creo en la jerarquización ni clasificación de temas, tal y como pasa en los medios de prensa escrita; creo que el blog debe su gran éxito a esa multitud de contenidos que lo caracteriza que le permite llegar a más público.

En este sentido, este blog aporta algunas entradas relacionadas con eventos de actualidad que considero muy interesantes. Además, la entrevista que publican de la AUGC aporta ese toque de multicontenido que comentaba antes; entrevistas, vídeos, audios y demás siempre facilitan la lectura amenizándola y quitándole esa monotonía del texto tras texto.

La alternativa










Si queremos analizar la evolución del fenómeno –o lacra, más bien- de la violencia de género, debemos fijarnos en dos cifras esenciales; en primer lugar en el número de mujeres asesinadas por sus parejas o ex parejas, y en el de las denuncias contra maltrato presentadas. 55 mujeres fueron asesinadas en 2009 a manos de sus parejas o ex parejas. Sigue siendo una cifra inaceptable, pero es la más baja desde que entró la Ley integral contra la violencia de género. Lo que no ha cambiado mucho es el elevado porcentaje de mujeres asesinadas que no habían denunciado nunca al que acabó matándolas. Sólo 14 de las 55 -apenas una de cada cuatro- habían puesto en marcha los mecanismos de ayuda del Estado para protegerlas. Por otro lado, una media de 380 personas al día denunciaron supuestos malos tratos, cifra que es la más alta desde que se disponen de datos fiables. Ha habido por tanto un enorme aumento de personas que denuncian a sus parejas por malos tratos. Algunos han querido relacionar directamente el aumento de las denuncias con el aumento de la violencia; craso error.

Durante muchos años el maltrato a la mujer ha sido un secreto a voces; algo que se sabía formaba parte de cada casa y que se enmarcaba en la más estricta normalidad. Hasta que se le empezó a llamar “maltrato” y empezó a considerarse como algo negativo y brutal. La situación ha mejorado a partir de las políticas públicas presentadas con el objetivo de liquidar esta lacra de la sociedad. Entre estas medidas está por supuesto la represión policial, por lo que últimamente se ha iniciado una serie de fuertes campañas de concienciación para que la mujer denuncie a su agresor y éste pueda así ser castigado por la ley.

El hecho de que haya cada vez más denuncias no es más que una consecuencia directa de estas campañas de concienciación y de las políticas sociales que aseguran un futuro más digno a las mujeres. De hecho, sólo es necesario observar cómo muchas de las denunciantes son personas que llevan muchos años sufriendo maltrato y que si se han decidido ahora por denunciar es porque se les ofrece una alternativa (centros de acogida, ayudas económicas,etc) que antes no tenían.

No se trata por tanto de ningún aumento de la violencia de género, sino una mejora de las condiciones que se ofrecen a las mujeres que deciden cortar por lo sano y que por tanto se animan a denunciar.


Carlos R. MOREIRA

martes, 1 de diciembre de 2009

Justicia o venganza. Justicia y venganza. Justicia sin venganza.

La justicia y la Venganza divina persiguiendo el crimen, de Pierre Prud'hon. (1808)

La venganza es una acción hiriente contra una persona o grupo como respuesta a algo. A pesar de que muchos aspectos de la venganza pueden parecerse al concepto de justicia, la venganza connota un mayor castigo más doloroso y punitivo. Habitualmente, esta justicia suele llevarse a cabo al margen de los marcos judiciales y legales, con el objetivo de hacer que la persona que provocó un dolor a alguien originalmente pueda percibir uno similar o superior


En sociedades antiguas, el método para disuadir a los asesinos era permitir a la familia del asesinado vengarse del asesino. Sin embargo, si las familias del asesino y del asesinado estaban en desacuerdo sobre el asesinato, seguramente estarían en desacuerdo también con cualquier medida vengativa, con lo cual podía llegarse finalmente a una pelea sangrienta.Las vendettas o peleas de sangre, son una secuencia de actos o acciones premeditadas, motivadas por la venganza y llevadas a cabo a lo largo de un tiempo por familias o grupos reclamando justicia; fueron parte importante de sociedades pre-industriales, especialmente en la región mediterránea, y aún hoy persisten en algunas áreas.

El sistema legal moderno occidental usualmente establece como objetivo la reforma o reeducación de quien comete un crimen o acto criminal. Aún en estos sistemas, sin embargo, la sociedad es concebida como víctima de las acciones criminales, y la venganza de tales actos es una parte importante del concepto de justicia -- un criminal "paga sus deudas con la sociedad".

Hoy en día se producen continuamente venganzas de todo tipo y resulta en ocasiones muy dificil condenar determinados actos que no son más que un castigo hacia alguien que lo merece mucho. Es cierto que vemos día tras día escenas horribles y sería muy fácil tomar la decisión más radical y la más deseada por todos. ¿Quién no ha soñado alguna vez con debutar en el mundo de la cirugía plástica genital con un violador pedófilo?

No podemos negar nuestros instintos animales, es algo imposible; fijémonos en la sabana africana; los leones defienden ferozmente a sus crías, y ni qué decir tiene que el más mínimo ataque o daño a sus retoños puede suponer la ira y la búsqueda de venganza por parte de sus felinos progenitores.

Todos y cada uno de nosotros tendremos instintos de venganza así alguna vez en nuestras vidas, seguramente ya los hayamos tenido varias veces. Pero para eso está el sistema judicial y penitenciario, para eso está la Justicia. Para canalizar nuestras ansias de venganza que si dejásemos fluir descontroladas acabarían por destruir la sociedad a golpe de "ojo por ojo... diente por diente".


Carlos R. MOREIRA